La
Entamoeba histolytica, debe su nombre a su capacidad
para destruir los tejidos. Parásita al
hombre por medio de quistes maduros, los cuales
son cuerpos resistentes que se eliminan en las
heces fecales y son transportados al suelo, de
aquí son impulsados por el viento y contaminan
vegetales, frutas y agua potable, y cuando son
consumidos, transmiten la enfermedad.
La vía de infección es la boca,
por lo que la transmisión es muy simple,
el quiste es sumamente resistente a las condiciones
del medio y a los jugos del tubo digestivo, soporta
las concentraciones de cloro en el agua purificada,
pero puede ser destruido por los procedimientos
de filtración, así como por la ebullición
(al hervir el agua) el yodo y el ácido
acético.
Una
vez en el intestino, el parásito invade
las glándulas de su pared para alimentarse
de sangre y tejidos, se reproduce en abundancia
y provoca la formación de abscesos que
se rompen descargando moco y sangre, provocando
diarrea sanguinolenta y con moco, cuadro llamado
disentería amibiana.
El
quiste conserva la vida del parásito fuera
del hombre y pueden sobrevivir en las heces por
lo menos 8 días, incluso a temperaturas
extremas. Los síntomas aparecen aproximadamente
a las 48 horas de haberse contaminado.
El
espectro de manifestaciones clínicas de
la amibiasis intestinal va desde pacientes portadores
sanos, que son fuente potencial de transmisión
de la enfermedad, por lo cual es necesario identificarlos
y tratarlos; hasta los que presentan cuadros de
diarrea, fiebre y dolor abdominal de inicio agudo
o cuadros fulminantes.
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