Esta
reacción del organismo se puede producir con
tres niveles de intensidad:
Leve:
Urticaria: Erupción de aparición rápida
y progresiva, con manchas y acompañadas de picor
intenso.
Hormigueo en manos y pies.
Calor general.
Angioedema: edema localizado en la cara, con hinchazón
de párpados, labios, lengua y cierta dificultad
para tragar.
Congestión nasal.
Picor en las palmas de las manos y plantas de los pies.
Moderada:
Broncoespasmo: Dificultad para respirar, tos, silbidos
en el pecho y fatiga.
Edema laríngeo: Inflamación en la garganta
que dificulta la respiración y el tragar. Cambios
en la voz.
Vómitos, movimientos intestinales y diarrea.
Ansiedad.
Grave:
Estridor laríngeo: Ruido característico
que produce la laringe como consecuencia de estar cerrada.
El paciente apenas puede emitir palabras.
Dificultad respiratoria extrema.
Cianosis: Coloración violácea de los labios
y la piel de las uñas.
Paro respiratorio.
Diarrea.
Ganas incontrolables de orinar.
Calambres y convulsiones.
Hipotensión y arritmia cardiaca.
Shock.
Coma.
Estos síntomas también pueden aparecer
en otras ocasiones sin que aparezca un desencadenante
aparente y se llaman "anafilactoides". Se
diferencian de las reacciones alérgicas en que
no interviene un mecanismo inmunitario.
La
incidencia de anafilaxia (choque alérgico) es
conocida en relación a la penicilina de 10 a
50 por cada 100.000 inyecciones. Y de estas son reacciones
fatales de 100 a 500 por año en USA. La incidencia
de anafilaxia por picaduras de abejas o avispas es de
0,4% de la población, habiendo entre 25 a 40
muertes anuales en USA. No se ha podido ver condicionada
la anafilaxia por sexo, edad, raza o atopia previa. |