Alguna
vez se ha preguntado usted cuántas
personas al llegar a la edad adulta empiezan
una vida excesivamente sedentaria, después
de que en la juventud fueron deportistas
activos y entusiastas. Es clásico
ver al esposo típico con un estómago
creciente y con tendencia a engordar o
a la mujer madura que empieza a tener
problemas con sus huesos.
El deporte puede mejorar la calidad
de vida de personas que por la falta de
actividad tienen algún
padecimiento crónico o transitorio,
ello sin descontar que en una sociedad
cada vez más acelerada y estresante,
el deporte también se recomienda
como un tratamiento terapéutico.
Entre
otros beneficios, por medio del ejercicio, el sistema cardiovascular tiende
a regularizarse, lo que a su vez genera
un descenso de las cifras de tensión
arterial. Además, se mejora
el riego sanguíneo, se reduce el
colesterol y la glucosa en la sangre.
La actividad
física también ayuda a combatir
la osteoporosis - enfermedad consistente
en la desmineralización generalizada
de los huesos - tan común en mujeres
y ancianos, además de aumentar
la flexibilidad articular.
De
igual manera, el ejercicio puede estimular
la autoconfianza y la sensación
de vitalidad que provoca practicar
un deporte de forma regular, por lo que
puede ayudar en aquellas complicaciones
de tipo psicológico, como la ansiedad
y la depresión.
La elección
del deporte variará en función
del estado físico de cada enfermo
o persona inactiva, sin olvidar que el
médico es siempre la persona más
indicada para establecer las actividades
y las limitaciones de cada individuo.
En principio,
los especialistas consideran que para
las personas inactivas o los enfermos,
lo más recomendable son los llamados
deportes dinámicos entre los que
se encuentran la carrera, la marcha atlética,
la natación o el ciclismo, cuya
intensidad tendrá que ser paulatina,
y sin ánimo competitivo.
Una
recomendación que hacen muchos
expertos, es aprender a hacerle
caso a nuestro cuerpo, él mismo
nos determina muchas veces cuánto
y hasta donde. |