De hecho, el 90 por ciento del
calcio de nuestro cuerpo se almacena
en los huesos, donde puede ser absorbido
por la sangre y los tejidos.
Los niños en pleno crecimiento
necesitan mucho calcio para tener unos
huesos y dientes fuertes. Lo mismo sucede
durante la gestación: el acelerado
crecimiento fetal requiere de importantes
cantidades de calcio.
Cuando los suministros de éste
valioso mineral son inadecuados, el
bebé lo extraerá de los
huesos de la madre para cubrir
sus necesidades, condenando a su progenitora
a sufrir de debilidad ósea.
El adolescente también requiere
de importantes cantidades de calcio
para su buena formación, de ahí
que un alimento básico para el
buen desarrollo físico es la
leche y sus derivados, pues es una de
las principales fuentes proveedora de
calcio, el cual no sólo sirve
para fortalecer la estructura ósea,
sino también dientes y tejidos.
De igual forma, el calcio es
vital para el desarrollo y correcto
funcionamiento de la musculatura y el
corazón; participa en
la coagulación de la sangre y
es importante para la transmisión
nerviosa.
En
contraparte, cuando nuestra dieta no
tiene un suministro suficiente de calcio,
la tendencia es padecer la debilidad
y reblandecimiento de nuestros huesos,
lo cual nos hace más susceptibles
a sufrir también debilidad muscular,
y a contraer la tan temida osteoporosis,
la cual es más frecuente entre
las mujeres.
La osteoporosis, como
su mismo nombre indica, es una enfermedad
en la que el hueso se vuelve más
poroso, aumentando el número
y la amplitud de las cavidades o celdillas
que existen en su interior. De esta
manera, los huesos se vuelven más
delgados y frágiles, y resisten
poco los golpes, rompiéndose
con facilidad.
Además, de acuerdo a investigaciones
recientes un consumo adecuado de este
mineral podría ayudar a prevenir
la hipertensión gestacional (preeclampsia)
y con ello muchas de las complicaciones
obstétricas y neomentales que
se puedan presentar.
Pero
si se tienen problemas para el consumo
de leche porque no le gusta, existen
muchas variantes para su consumo, por
ejemplo, el yogur, quesos o requesón. Puede esconderse en sopas, guisos,
panes, cereales o postres; o
puede consumirse en forma de leche descremada
en polvo. Entre otros alimentos abundantes
en calcio están las sardinas
enlatadas, hortalizas de hoja verde,
berros, semillas de ajonjolí
y perejil, entre otros.